Cuando buscar a un hijo se convierte en sentencia.

Editorial | Cuando buscar a un hijo se convierte en sentencia


La muerte de Rubí Gómez, madre buscadora, no es un hecho aislado. Es el reflejo doloroso de un país donde el amor de una madre puede convertirse en riesgo, donde salir a buscar a un hijo desaparecido implica desafiar no solo al silencio institucional, sino también al miedo.


Rubí no buscaba protagonismo. Buscaba a su hijo, como miles de madres en México, convirtió su dolor en fuerza y su esperanza en acción. Caminó terrenos difíciles, levantó la voz cuando otros callaban y sostuvo a otras familias que comparten la misma herida abierta.

Su lucha era legítima, humana y profundamente valiente.


Que una madre buscadora pierda la vida en medio de su lucha nos obliga a preguntarnos: ¿en qué momento normalizamos que quienes buscan justicia tengan que protegerse como si fueran delincuentes? ¿En qué momento el Estado dejó solas a las familias que solo exigen verdad?

No se trata solo de indignación momentánea. Se trata de memoria, de exigir garantías reales para quienes buscan a sus desaparecidos, de entender que cada madre buscadora representa el fracaso de un sistema que no ha sabido —o no ha querido— responder.

Rubí no debería ser recordada solo por la forma en que murió, sino por la dignidad con la que luchó. Su historia duele, pero también interpela. Nos recuerda que la indiferencia también es una forma de violencia.

Que su nombre no se pierda en el ruido de las noticias. Que su lucha no quede en el olvido.


#Justicia #NiUnaMadreMás

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